“No podemos hacer grandes cosas, pero si cosas pequeñas con gran amor”

Madre Teresa de Calcuta

«Dale Esperanza a la Vida»

No somos conscientes del engaño que nos provoca la palabra aborto si pensamos y consideramos que el embrión humano en muchos casos ya feto, no es un ser humano. Tratándolos como una simple vida potencial sin ningún tipo de derecho, luego nos llenamos de justificaciones convirtiéndolas en argumentos de porque sacrificamos la vida del niño en beneficios a las comodidades de la madre o de la situación socioeconómica de la familia.

 

Otras personas ni siquiera se plantean ninguna justificación, simplemente suprimir o no una vida carece de significado para ellos. Admitir justificaciones para el aborto inducido equivale a hacer posible el aborto siempre que la embarazada lo quiera, clasificando esta horrible acción como embarazo no deseado. Representando para el médico un caso de función humanitaria. Considerar el aborto inducido como un mal menor, es considerar la muerte como un mal menor.

Desde el momento en que el óvulo se convierte en embrión humano, ya este es portador de toda la dignidad de una persona. Allí donde hay un ser humano, en cualquier momento de la historia que se encuentre, está sujeto a derechos fundamentales y uno de estos es el derecho de vivir.

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